Los logotipos, como las personas, envejecen con el paso de los años y su valor estético puede resentirse hasta el punto de deslucir el mensaje que originalmente deseaba transmitir la marca a la que identifica. Un logo que en la época de su creación pudiese comunicar fortaleza corporativa, modernidad y confianza puede hoy día comunicar precisamente lo contrario. Llegados a este punto, se prevé necesario un rediseño de la propia marca que vuelva a poner en valor sus cualidades, actualizando y optimizando su mensaje, acondicionándolo a las nuevas pautas visuales en las que deberán desarrollar su competitividad.
En los casos en los que la marca ha llegado a una etapa de madurez y ha conseguido consolidarse en el mercado, siendo reconocidas por su público, su rediseño debe aprovechar esta ventaja comunicativa y evitar un rediseño radical que más se acerque a un logotipo nuevo que a una reestilización del anterior. Al contrario, conviene conservar las características más interesantes del logo original y mejorar aquellos puntos débiles que hoy desfavorecen a la imagen que la marca proyecta.
Se trata, al fin y al cabo, de aprovechar la idea original del logo, sus formas más acertadas y su espíritu, y rediseñarlas, simplificando sus formas más enrevesadas, depurando sus líneas y contornos, enfatizando las piezas más simbólicas y modernizando su composición, tipografía, color y detalles, de manera que no sólo siga siendo reconocible por su audiencia, sino que mejore también su percepción, su legibilidad y también destaque su personalidad corporativa.
A continuación exponemos algunos ejemplos de restyling de marcas que nos parecen especialmente interesantes precisamente por haber sabido mantener la esencia de su identificación visual original, adaptándola a los nuevos tiempos.






